Salmo 143
I
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;
mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete a los pueblos.
Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?,
¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.
Señor, inclina tu cielo y desciende;
toca los montes, y echarán humo;
fulmina el rayo y dispérsalos;
dispara tus saetas y desbarátalos.
Extiende la mano desde arriba;
deefiéndeme, líbrame de las aguas turbulentas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca habla mentiras,
y cuya diestra jura en falso.
II
Dios mío, te cantaré un cantaré cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas.
para tí que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.
Defiéndeme de la espada cruel,
y sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca habla mentiras,
y cuya diestra jura en falso.
Sean nuestros hijos como plantas
bien criados desde su juventud,
nuestras hijas como columnas talladas,
estructura de un templo.
Que rebosen nuestras despensas
de toda suerte de frutos;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni alarma en nuestras plazas.
Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios es el señor.
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